Plan de escape 9
Al mediodía del día siguiente, Antonio regresó, cambiando de guardia otra vez, cansado, con aspecto estresado y nervioso. Después de todo, nadie podría descubrir lo que estábamos planeando, de lo contrario nos quedaríamos en esta celda para siempre.
Por la noche, cuando el otro guardia fue a resolver el asunto, Antonio se acercó a la celda con inquietud fingiendo que nos calmaba.
- Conozco algunos nombres importantes que pueden resultarle útiles. Pero debéis ser discretas. - susurró. - Estas son las personas que controlan toda la organización y le ocultan todo al gobierno estadounidense.
- No hay tiempo, di quién!. - dijo Carmen. - ¿Y cómo salimos de aquí? Hay tanta seguridad...
- Chris Morrison, Tomas Cavill y James Davis. Son los presidentes del partido republicano involucrados en este complot, manejan los asuntos más importantes y son responsables de todas las bodegas que producen vinos envenenados. Si puede encontrar alguna evidencia de lo que están haciendo, proporciónela al gobierno de inmediato.
- ¿Dónde deberíamos encontrarlos?
- Se esconden del mundo en Roma, donde no sé exactamente. Su compañía se llama Recursos Humanos, definitivamente la encontraréis.
- Bueno, ¿cómo salimos de aquí? Dije poco convencido. - ¿Tienes un plan?
- Lo tengo. Por lo que sé, podréis ir al baño alrededor de las 20, os acompañaré. Saldréis por un conducto de ventilación.
En el momento en que escuchamos pasos en el corredor, Antonio regresó a su lugar. Todo lo que podíamos hacer era esperar hasta las 20 y rezar para que pudiéramos escapar. No fue simple ni obvio, porque no sabemos a dónde nos llevará el canal, pero aún así fue mejor que estar en una celda la próxima semana.
Tres horas después, Antonio abrió la celda y, sujetándonos con las manos esposadas, nos condujo al baño. Caminamos probablemente por 10 minutos a través de largos pasillos, pasamos por habitaciones con varios documentos y archivos, todo era tan misterioso. Al final del callejón había un baño al que todos entramos. Antonio llamó a la puerta y nos esposó. Luego señaló un gran agujero en el techo y dijo:
- Tenéis que ir directo allí todo el tiempo. Pasaréis por varias habitaciones, es muy posible que haya guardias o incluso científicos en ellas. Debéis estar muy calladas para que nadie os escuche. Al final del canal, veréis un sótano que conduce a la trastienda. No hay cámaras y podéis pasar desapercibidas, pero debéis tener mucho cuidado. Corred inmediatamente hacia los camiones, y desde allí podéis esconderte rápidamente detrás de la hierba y atravesar el bosque hasta llegar a la calle principal. Por favor cuidaos.
- Dios, Antonio, ¿cómo vamos a agradecerte ... qué te pasará? ¿Qué les vas a decir?
- Pensaré en algo. ¡Vamos, entrad rápido!
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